lunes, 27 de abril de 2009

Amanecer, ocaso

Llueve sobre la vereda de enfrente y mi cabeza es un mar de preguntas viudas y lesbianas que no tienen respuesta. El Aedes Aegypti ya me tiene las pelotas llenas y la gripe porcina... no se como mierda se contagia. Me tomo un café. Instantáneo. O casi... y no puedo parar de pensar en las magistrales palabras de Francisco. Claro, por ahi no sepas de quien hablo, porque se lo conoce con otro nombre, pero me refiero a El Gordo Papurello. Me enseñó a jugar al póker, me dio recomendaciones acerca de sexo, y me hizo viajar acompañado de sus aventuras y logros.

Pero a pesar de que todo esto me cause una sonrisa nostálgica, una pregunta brilla más que las otras: ¿Dónde estás Francisco?